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Montar una lavandería autoservicio: ¿con franquicia o por tu cuenta?

Por Equipo EligeFranquicia · Actualizado:

Quien se plantea abrir una lavandería de autoservicio suele llegar con la pregunta ya hecha: si le conviene entrar en una cadena o montarla solo. En casi cualquier otro sector eso se decide comparando el canon de entrada y los royalties con lo que la marca aporta a cambio. Aquí no se puede, porque ninguna de las lavanderías publicadas en el directorio cobra ni lo uno ni lo otro.

Así que la comparación pasa a ser otra, y es la que hace esta guía: qué cuesta cada partida por su lado, qué trámite necesitas de verdad para abrir, cómo montar tu propio punto de equilibrio en lugar de creerte el plazo de recuperación que te anuncien, y qué añade una marca a lo que ya vende el fabricante de las máquinas.

Qué le pagas de verdad a una cadena de lavandería

Las marcas de lavanderías del directorio no cobran canon de entrada ni royalty sobre las ventas, y publican inversiones muy distintas entre sí: La Wash declara desde 45.000 €, Speed Queen desde 80.000 € y Fresh Laundry desde 85.000 €.

Al otro lado del contrato está, en dos casos, el propio proveedor de las máquinas: Speed Queen es la marca de Alliance Laundry Systems, que las fabrica, y detrás de CE Colada Exprés está Cleanmatic, distribuidor oficial de Electrolux Professional. Ahí la central y el suministrador del equipamiento son la misma empresa, y el negocio de la cadena está en vender los equipos, no en cobrarte un porcentaje.

Que no haya royalty no quiere decir que no haya pagos recurrentes: quiere decir que aparecen con otro nombre. La Wash cobra 95 € al mes por la línea de atención al cliente final y obliga a comprarle los consumibles. Antes de comparar dos marcas, pide por escrito todo lo que vas a pagarle a la central mientras dure el contrato, que es de diez años en La Wash y Fresh Laundry y de cinco en Speed Queen, y cuánto suma en un año normal la compra obligatoria de producto.

Por tu cuenta, partida por partida

La maquinaria es el desembolso grande. El fabricante Girbau, en su estudio de viabilidad, sitúa la de una lavandería de autoservicio entre 20.000 y 40.000 €, a razón de unos 5.000 € por equipo. Esa media dice poco, porque la horquilla real es enorme: en el catálogo de un distribuidor consultado en julio de 2026, una lavadora o una secadora de autoservicio iba desde unos 2.100 € las más asequibles hasta los 14.408 € del modelo industrial más grande, con descuentos del 15 al 30 % ya aplicados y sin IVA. Tu presupuesto lo decide cuántas máquinas pones y de qué capacidad, así que pide precio en firme por el conjunto que vayas a instalar.

Después vienen las licencias y los proyectos técnicos, que el mismo estudio cifra en «2.000 € o más»: el proyecto de actividad, la instalación eléctrica y, si secas con gas, la de gas. La obra del local hay que presupuestarla caso a caso, porque depende del estado del bajo que alquiles y de la potencia y el desagüe que haya que llevar hasta las máquinas. Pide dos presupuestos de obra antes de firmar el alquiler, no después: un local barato con la acometida eléctrica insuficiente deja de ser barato.

Para abrir basta una declaración responsable; para la obra puede hacer falta licencia

La Ley 12/2012 eliminó la licencia municipal previa de apertura, actividad y funcionamiento para las actividades recogidas en su anexo, y las lavanderías y tintorerías están ahí expresamente, en la Agrupación 97, Grupo 971. El régimen alcanza a los establecimientos de hasta 750 m² de superficie útil de exposición y venta al público. En lugar de esperar una resolución, presentas una declaración responsable o una comunicación previa, y esa presentación ya te habilita para ejercer.

La misma ley pone dos límites a esa facilidad. El primero afecta a la obra: el acondicionamiento del local queda exento de licencia solo mientras no exija redactar un proyecto de obra, y las obras de edificación siguen con su régimen de siempre. El segundo es que presentar la declaración no prejuzga que el establecimiento se ajuste a la normativa aplicable ni impide que el ayuntamiento lo compruebe e inspeccione después. Te habilita para abrir; no acredita que esté todo en regla, y quien responde de que lo esté eres tú, con la firma que acabas de poner. Como ese procedimiento de comprobación posterior lo regula cada entidad local, la pregunta que toca hacer en tu ayuntamiento es qué documentación técnica debe acompañar a la declaración y qué te van a revisar luego.

Tu punto de equilibrio, con tus números

Sin plantilla en el local, la cuenta se simplifica: ingresas por ciclo y pagas alquiler, suministros, seguro, mantenimiento y la cuota del préstamo. El punto de equilibrio es el número de coladas al mes que cubre esos gastos fijos una vez descontado el coste variable de cada ciclo.

Del lado de los ingresos hay una referencia independiente: en enero de 2026 la OCU calculó lo que cuesta una colada en una lavandería de autoservicio, 4,50 € el lavado en una máquina de 10 kg con detergente incluido y 2 € el secado, 6,50 € el ciclo completo. Esa es tu referencia de precio de venta, y la misma organización añade el dato que define a quién sirve el formato: a quien lava tres veces por semana le sale mucho más barato hacerlo en casa, 21,81 € al mes con lavadora y secadora propias frente a 78 € en el autoservicio. Tu cliente no es la familia que lava a diario, sino quien no tiene sitio para una lavadora, quien está de paso o quien llega con un edredón.

Del lado de los costes, el coste variable de cada ciclo (agua, electricidad o gas, y detergente) sale de las fichas técnicas de los equipos que vayas a comprar y de tu contrato de suministro, no de una media del sector: cambia con la tarifa que tengas contratada y con la eficiencia de cada máquina. Los gastos fijos los cierras tú con el alquiler, el seguro y la cuota. Con esas cifras el cálculo es directo: divide los gastos fijos mensuales entre lo que te deja cada colada y compara el resultado con las coladas que dan al mes todas las máquinas que vas a instalar.

Los plazos de recuperación que verás anunciados cambian según dónde mires: de año y medio a tres años y medio en unas fuentes, «menos de dos años» en otras. No los tomes como dato: a quien te dé un plazo, pídele la facturación mensual con la que lo ha calculado.

Qué añade la marca a lo que ya vende el fabricante

El fabricante no siempre vende solo máquinas: Girbau, por ejemplo, acompaña las suyas de estudio de viabilidad, diseño del local, formación y soporte técnico. Ese estudio de viabilidad lo elabora quien gana si compras las máquinas: sus cifras son parte de la venta, no una comprobación independiente de que tu local vaya a funcionar. Pero el catálogo prueba otra cosa: buena parte de lo que una cadena presenta como aportación propia ya viene con las máquinas, se compren con marca o sin ella. Lo que la enseña cobra por encima tiene que justificarse con lo que un fabricante no puede dar.

Lo que un fabricante no da lo concretan las fichas de las cuatro cadenas del directorio. La primera es el rótulo: tres de las cuatro superan el centenar de locales, y una marca repetida por España es una marca que parte de la clientela ya conoce al entrar; un local anónimo tarda años en construir eso. La segunda es no llevar la lavandería en persona: las cuatro admiten la gestión delegada, y Fresh Laundry la ofrece directamente como servicio opcional que cubre la operativa, la atención telefónica y la limpieza.

A quién le compras las máquinas y qué viene dentro del precio

Esas dos preguntas ordenan la decisión mucho mejor que «franquicia sí o no». Si sabes elegir ubicación, negociar una obra y encontrar un técnico cuando una secadora se pare un domingo, el fabricante te vende las máquinas sin atarte a un contrato de cinco o diez años. Si no lo sabes, eso es exactamente lo que estás comprando con la marca, y solo verás lo que cuesta pidiendo dos cosas a la vez: a la central, el desglose de qué partidas cubre la cifra que anuncia; a un distribuidor, el precio de esa misma maquinaria por su cuenta.

La tintorería es otro negocio y otra normativa

Queda una confusión que conviene despejar antes de ponerse a mirar locales, porque los dos rótulos comparten calle: la tintorería no es el mismo negocio. La tintorería clásica limpia en seco con disolventes, y esa actividad está sujeta al Real Decreto 117/2003, que le fija un límite de emisión de compuestos orgánicos volátiles de 20 gramos de disolvente por kilo de producto limpiado y secado. Eso significa equipos específicos y control de emisiones que una lavandería de agua no necesita. Y significa mostrador: la tintorería atiende al público, con la nómina que el autoservicio se ahorra.

Si tu proyecto es la lavandería de autoservicio, el siguiente paso ya no está en ninguna guía: es un bajo concreto, con su alquiler, su acometida y su barrio. Haz los números sobre ese local: de ahí sale cuál de las dos fórmulas, franquicia o por tu cuenta, se adapta mejor a tu proyecto.

Fuentes

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